En el New Seoul Park, el parque de atracciones más famoso de Corea, un vendedor ofrece gominolas gratuitas con una promesa de lo más tentadora: quienes las compartan con sus seres queridos no volverán a separarse de ellos. Entre los visitantes hay familias, parejas y personas que han llegado hasta allí con expectativas muy diferentes para ese día. Ninguna imagina que, detrás de aquel dulce aparentemente inofensivo, se esconde algo siniestro.
Así comienza La masacre del vendedor de gominolas del New Seoul Park, de Cho Yeeun, una novela breve que parte de una premisa tan insólita como inquietante y la lleva hasta unas consecuencias que no tardan en escapar de cualquier idea de diversión. Lo que comienza como una jornada cualquiera en un parque de atracciones se transforma en una pesadilla grotesca que convierte el lugar en el escenario de algo difícil de olvidar.
El terror tiene aquí un componente físico, cercano al body horror, que resulta especialmente efectivo. Las transformaciones son grotescas y hay imágenes capaces de provocar esa mezcla de fascinación y rechazo tan característica del género. Sin embargo, el impacto está medido. No se trata de recrearse gratuitamente en lo desagradable ni de convertir la lectura en una sucesión de escenas extremas, sino de utilizar ese elemento para construir una historia perturbadora que también puede resultar accesible para quienes no suelen acercarse al terror corporal.
Otro de los aspectos que más he disfrutado es precisamente la diversidad de personajes y puntos de vista. A medida que el relato avanza, las distintas perspectivas van encajando y añadiendo piezas a un puzle que resulta especialmente interesante por la manera en que amplía nuestra comprensión de lo ocurrido. Y entre todos esos personajes hay uno que me ha conquistado especialmente: el gato que vive en el parque. Su presencia aporta una perspectiva muy particular y algunas de las reflexiones más interesantes de la novela. Su manera de observar lo que sucede introduce una distancia distinta frente al caos y permite que, incluso en una historia tan grotesca, aparezcan pensamientos que van más allá del horror inmediato. También resulta muy peculiar la presencia de otro ser que lo acompaña en parte de su recorrido, cuya identidad se desvela más adelante y que añade una nueva pieza a ese entramado narrativo.
Bajo esa capa de terror extravagante hay también una radiografía de la sociedad coreana, con sus diferencias de clase, la presión por alcanzar el éxito académico y laboral, el papel de las mujeres dentro y fuera del hogar y esa importancia del dinero que atraviesa prácticamente todos los estratos sociales. Es interesante cómo una novela tan breve y tan difícil de encasillar consigue incorporar estas cuestiones sin dejar de ser una historia de terror. La gominola funciona como detonante de una situación extrema, pero, alrededor de ella, la autora dibuja un mundo reconocible en sus preocupaciones, sus desigualdades y sus contradicciones.
También quiero destacar la edición, que incluye unas maravillosas ilustraciones a todo color al comienzo del libro y una nota final del editor que me ha parecido interesantísima. Esta última aporta información sobre el origen, el desarrollo y la publicación de la historia, y permite acercarse al proceso que hay detrás de una propuesta tan particular.
He disfrutado muchísimo de esta lectura. Es breve, original, perturbadora y difícil de clasificar, con una combinación de horror físico y observación social que la convierte en una propuesta diferente. El juego de perspectivas y ese fondo que se va revelando poco a poco terminan de darle forma a una historia que va más allá de su premisa inicial. Una lectura que recomiendo especialmente a quienes busquéis algo distinto para estas fechas, con un punto grotesco y una buena dosis de inquietud.
Cho Yeeun es una de las voces destacadas del terror contemporáneo coreano, conocida por sus historias inquietantes y por combinar el horror con otros géneros. Desde su debut, reconocido con el Kyobo Book Award, ha desarrollado un universo narrativo que ha conectado especialmente con lectores jóvenes. Su colección Cocktails, Love, Zombies superó los 100.000 ejemplares vendidos y se tradujo a varios idiomas. Con La masacre del vendedor de gominolas del New Seoul Park, consolida su proyección internacional con una propuesta tan singular como perturbadora.


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