miércoles, 4 de marzo de 2026

LA COMADRONA | Bibbiana Cau

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Hay historias que no necesitan grandes giros argumentales para conmover. Les basta con una protagonista sólida, un contexto bien construido y una tensión moral que avance con la misma constancia que la vida cotidiana. La comadrona, de Bibbiana Cau, pertenece a esa categoría.

Ambientada en la Cerdeña rural de 1917, la novela nos presenta a Mallena, una mujer que no nació en Norolani pero que se ha convertido en su columna vertebral. Durante años ha asistido cada parto del pueblo, sin cobrar, sin imponer, sin juzgar. Su saber no proviene de la universidad, sino de la transmisión materna, de la observación de la naturaleza, del conocimiento de las plantas y de un instinto afinado por la experiencia.

"—Ese pueblo mío... es una tierra donde todo es difícil.... Es difícil nacer, crecer..., aún más ser feliz. Solo morir puede resultar sencillo. Una persona puede perder la vida no solo por robar el yugo de los bueyes, el ganado o por mover las piedras de los lindes, sino también por un error que haya cometido un pariente o por una promesa de matrimonio rota".
Bibbiana Cau, La comadrona

El personaje de Mallena está construido con contención: es firme sin necesidad de alzar la voz, generosa sin caer en la ingenuidad, rebelde sin proclamarse como tal. Su conflicto surge cuando la necesidad la obliga a hacer algo tan básico como reclamar un pago por su trabajo, especialmente tras el regreso de su marido herido del frente. Lo que recibe a cambio es desprecio institucional y una decisión que la hiere: la llegada de una comadrona titulada desde el continente para sustituirla.

Angelica Ferrari encarna el progreso científico y la formación académica. Pero en Norolani su título pesa menos que su condición de forastera. El choque entre ambas podría haberse planteado como una rivalidad simple entre tradición y modernidad, pero la autora elige un camino más matizado. Pronto entendemos que Mallena y Angelica comparten más de lo que las separa: ambas defienden su libertad, su oficio y su derecho a ejercerlo con dignidad en un entorno que desconfía de las mujeres que ocupan espacios de poder, aunque ese poder sea el de traer vidas al mundo.

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La novela retrata con especial sensibilidad la transmisión de un saber femenino ancestral, vinculado a la tierra y a la intuición, sin idealizarlo ni caricaturizarlo. A la vez, introduce un cambio generacional a través de Rosa, la hija de Mallena. Su alfabetización y la posibilidad real de elegir su futuro funcionan como un símbolo sutil pero poderoso de transformación social.

Otro de los aspectos más interesantes es la construcción de la comunidad femenina en ausencia de los hombres, enviados a la guerra. Las mujeres de Norolani no aparecen como figuras pasivas: sostienen el pueblo, toman decisiones y, en momentos clave, se rebelan ante las imposiciones de la Autoridad cuando sienten que se vulnera aquello que consideran justo.

"Reparó en que más mujeres habían conseguido entrar en la estancia, a pesar del bloqueo de los jóvenes militares, visiblemente incómodos ante aquellas alborotadoras que podrían ser sus madres o sus abuelas".
Bibbiana Cau, La comadrona

La comadrona es una novela que emociona sin buscar el golpe fácil. Su fuerza reside en la coherencia de sus personajes, en la dignidad con la que aborda el conflicto y en la forma en que pone el foco en oficios históricamente invisibilizados. La historia de Mallena es inspiradora porque está narrada desde la humanidad, no desde la épica.

Una lectura que habla de resistencia, de comunidad y de la necesidad de reconocer el valor del trabajo que sostiene la vida.

Bibbiana Cau nació y vive en Cerdeña. Estudió Obstetricia en la Universidad de Cagliari y, a lo largo de una extensa trayectoria profesional, ha acompañado el nacimiento de innumerables vidas, una experiencia que impregna de autenticidad cada página de esta novela. Su interés por la escritura surgió durante la redacción de su tesis en Historia Social. Posteriormente se formó en Educación de Adultos y Formación Continua en la Universidad Roma Tre y amplió su preparación con cursos en la Escuela Holden de Turín y en Medicina Narrativa tanto en Cerdeña como en Londres. La comadrona es su primera novela y en ella convergen su conocimiento profesional, su sensibilidad social y su profunda conexión con la tierra que la vio nacer.


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lunes, 23 de febrero de 2026

LA CANGURO | Pablo Rivero

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En ocasiones basta con una casa, una familia y una voz que nos guíe por un terreno cada vez más resbaladizo. La canguro es exactamente eso: un domestic noir que se construye desde dentro, desde la mente de una mujer atrapada entre sus acciones en el pasado, el miedo y una maternidad vivida al límite.

Paula nos habla en primera persona. Vive prácticamente encerrada con sus hijos desde el nacimiento de su segunda hija, saliendo solo en contadas ocasiones y siempre con una vigilancia extrema. Al principio, su actitud puede interpretarse como una sobreprotección exacerbada, quizá fruto del posparto o del miedo constante que acompaña a la maternidad. Sin embargo, pronto se filtran referencias veladas a un hecho del pasado. Algo que hizo. Algo que nadie más conoce y que no puede salir a la luz.

"Me da pánico que se dé cuenta de cómo soy en realidad, me aterra que descubra lo que oculto y el verdadero motivo por el que debo tener tanto cuidado".
Pablo Rivero, La canguro

Cuando surge la posibilidad de retomar su vida profesional, Paula se ve obligada a plantearse buscar ayuda para cuidar a los niños. Es entonces cuando aparece la joven canguro. Su llegada, aparentemente casual, resulta inquietante desde el primer momento. Un detalle en su aspecto perturba profundamente a Paula, pero, de forma paradójica, también es lo que la empuja a contratarla. A partir de ahí, la historia se va cargando de una tensión soterrada que no deja de crecer.

El gran logro de la novela es cómo convierte lo cotidiano en amenaza. El día a día doméstico se llena de gestos mínimos, silencios, miradas y situaciones que podrían parecer inofensivas, pero que generan una sensación constante de inquietud. El lector duda: ¿estamos viendo la realidad a través de una mente fracturada o hay algo verdaderamente oscuro ocurriendo dentro de esa casa?

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La maternidad, tema recurrente en la obra de Pablo Rivero, se muestra aquí con todas sus aristas. Nada de idealización: hay amor, sí, pero también celos entre hermanos, pensamientos intrusivos, culpa y una presión constante por “hacerlo bien”. El hijo mayor percibe el cambio en su madre tras la llegada del bebé, y esa dinámica familiar nos hace cuestionar si el miedo de Paula tiene una causa real o si responde a un desequilibrio interno.

El punto de inflexión llega con la aparición de una segunda voz narrativa. Ese cambio de perspectiva reordena el relato, explica muchas de las piezas que no encajaban y transforma la historia en algo todavía más perturbador. El lector comprende entonces que la verdad era mucho más incómoda de lo que imaginaba.

"Las cosas de casa son de casa. Alguien ajeno a la familia no debe entrometerse en sus asuntos si no quiere salir mal parado".
Pablo Rivero, La canguro

Con capítulos cortos, un ritmo frenético y una atmósfera opresiva muy bien sostenida, La canguro es otra novela de Pablo Rivero que se devora y deja poso. Un thriller psicológico oscuro, adictivo, que juega con la percepción, la culpa y los límites de la maternidad, y que confirma, una vez más, la capacidad del autor para incomodar y atrapar al lector hasta la última página.

Pablo Rivero es licenciado en Comunicación Audiovisual y cuenta con una extensa trayectoria como actor en cine, teatro y televisión, siendo especialmente conocido por su papel en Cuéntame cómo pasó. En paralelo, ha desarrollado una sólida carrera literaria centrada en el thriller psicológico. Debutó como novelista con No volveré a tener miedo y desde entonces ha publicado títulos como Penitencia, Dulce hogar, La matriarca o El rebaño, explorando los aspectos más oscuros de la conducta humana y las dinámicas familiares. Su narrativa, intensa y perturbadora, ha sido comparada con la de Pierre Lemaitre.




jueves, 19 de febrero de 2026

EL JUICIO FINAL DE CARL | Matt Dinniman

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Hay sagas que prometen crecer. Y luego están las que cumplen esa promesa con una contundencia que descoloca. Esta segunda entrega de Carl el Mazmorrero no se limita a subir el nivel de dificultad: amplía el tablero, complica las reglas y obliga al lector a asumir algo incómodo: que forma parte del espectáculo tanto como los alienígenas que lo retransmiten.

Si el primer libro jugaba con la sorpresa del apocalipsis convertido en show galáctico, aquí entramos de lleno en la consolidación del formato. Nueva temporada. Nuevo piso. Más audiencia. Más expectativas y el momento de elegir raza y clase. Carl y Princesa Dónut ya no son simples supervivientes improvisados: son concursantes con seguidores, con impacto, con peso dentro del juego.

Y eso lo cambia todo.

"Humano.
Ya res humano. Voy a jugármela y a dar por hecho que no necesitas una descripción. Si eliges esta especie, seguirás tal y como estás".
Matt Dinniman, El juicio final de Carl

El tercer piso ofrece algo que estábamos esperando: sensación de mundo abierto. Ya no solo transitamos corredores plagados de trampas, sino ciudades devastadas, asentamientos, clubes sociales, espacios donde las dinámicas se vuelven más complejas y las misiones empiezan a solaparse. Principales, secundarias, alianzas dudosas, jefes retorcidos… la estructura del juego se densifica y el lector tiene que estar más atento que nunca.

Pero el verdadero salto está en el trasfondo.

La popularidad deja de ser un recurso anecdótico para convertirse en un arma de doble filo. Carl comprende que agradar al público puede significar la diferencia entre vivir o morir. Sin embargo, destacar demasiado también implica riesgos: cuando el poder percibe que puedes alterar el equilibrio del espectáculo, pasas de favorito a problema. La política entra con más fuerza y la sátira social se vuelve más afilada.

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Y en paralelo, nosotros, lectores, empezamos a notar la incomodidad. Señalamos la crueldad de los espectadores alienígenas, su morbo, su insaciable necesidad de entretenimiento… pero seguimos pasando páginas sin freno. Disfrutamos del combate, de la tensión, de la supervivencia extrema. La novela nos obliga a reconocernos en aquello que criticamos.

Princesa Dónut, por su parte, se consolida definitivamente como personaje estructural. Ya no es solo el contrapunto chispeante o el alivio cómico: es estrategia, es carácter, es motor narrativo. La relación entre ambos evoluciona y gana profundidad dentro de un entorno que, por diseño, fomenta el individualismo. Las recompensas suelen esconder un matiz venenoso que dificulta las alianzas. El sistema quiere aislarlos. Dividirlos. Convertirlos en piezas intercambiables.

"Sabía que si llegaba a descubrir lo que habíamos hecho, nuestros actos podían llegar a dañar irreparablemente nuestra confianza y nuestra amistad".
Matt Dinniman, El juicio final de Carl

Y aun así, el humor sigue intacto. La irreverencia, también. Dinniman logra ese equilibrio tan difícil entre lo desternillante y lo perturbador. Nos reímos mientras asistimos a una picadora de carne diseñada como entretenimiento.

La lectura es aún más adictiva que la anterior. Más ambiciosa. Más compleja. Más consciente de sí misma. Una vez cruzas la puerta del nuevo piso, resulta imposible abandonarlo.

Matt Dinniman no solo ha logrado que entremos en la mazmorra: ha conseguido que queramos seguir bajando niveles.

Matt Dinniman es originario de Gig Harbor, Washington. Escritor, artista y músico reconocido por su saga superventas Carl el Mazmorrero, con más de un millón de lectores. Puedes leer la reseña de la primera entrega de la saga aquí. Y aquí puedes ver la siguiente entrega.


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