miércoles, 23 de septiembre de 2026

CAMBIAR EL AGUA DE LAS FLORES | Valérie Perrin

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Hay personajes que consiguen atravesar una historia y terminar quedándose un poco con nosotros. Violette Toussaint es uno de ellos.

En Cambiar el agua de las flores, Valérie Perrin nos presenta a Violette, la guardiana de un pequeño cementerio de Borgoña. Su trabajo podría parecer ligado únicamente a la muerte, pero en realidad el cementerio se convierte en el lugar desde el que Violette sigue conectada con la vida: escucha a quienes llegan, conoce sus historias, cuida los pequeños detalles y establece vínculos con las personas que trabajan y pasan por allí.

Hay un dolor profundo en su historia, uno que no desaparece porque la vida continúe. Lo que me ha conmovido de Violette es precisamente la manera en que decide seguir adelante con él.

"Cuando Léonine apareció, mi juventud se rompió tan violentamente como un vaso de porcelana contra el suelo de baldosas. Fue ella quien enterró mi vida juvenil. En pocos minutos, pasé de la risa a las lágrimas, del buen tiempo a la lluvia. Como un cielo de marzo, me convertí al mismo tiempo en las escampadas y los chaparrones. Todos mis sentidos estaban alerta, agudizados como los de un ciego".
Cambiar el agua de las flores, Valérie Perrin

No intenta borrar lo ocurrido ni convertirlo en algo que ya no le afecte. Encuentra, en cambio, una forma de convivir con ese dolor. Su dedicación al cementerio, su manera de tratar a las personas que llegan hasta allí e incluso ese registro tan personal y cuidado de determinados detalles de los funerales dicen mucho de ella. Son pequeños gestos que muestran cómo ha conseguido transformar el cuidado de los demás en una manera de mantenerse en pie.

Y hay algo más que me ha gustado mucho de la novela: la escritura de Valérie Perrin. La autora tiene una forma muy especial de describir las emociones y los recuerdos a través de los sentidos. Colores, olores, formas, pequeños detalles… La lectura se convierte en un viaje sensorial en el que muchas escenas casi pueden percibirse además de leerse. Hay momentos de una belleza muy delicada, sin necesidad de recargarlos.

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Aunque el duelo y la pérdida tienen un peso evidente, la novela no se limita a explorar el dolor. Hay también un componente de misterio que me ha resultado especialmente interesante y que, de alguna manera, conecta con lo que ya encontré en Tatá, otra obra de la autora. Existen secretos, acontecimientos que necesitamos comprender y preguntas que permanecen abiertas durante buena parte de la lectura. Esa necesidad de esclarecer lo ocurrido funciona como uno de los motores de la narración y consigue que, además de dejarnos llevar por las historias y los personajes, queramos seguir avanzando para descubrir cómo encajan las piezas.

Pero si tuviera que quedarme con una sensación después de leerla, sería la esperanza. No una esperanza fácil, luminosa porque sí. La novela plantea una esperanza que llega después de atravesar mucho dolor y que exige esfuerzo. Porque hay heridas que no desaparecen y pérdidas con las que no dejamos de convivir. Lo que cambia es nuestra manera de vivir con ellas. Y quizá ahí reside buena parte de la belleza de la historia: en entender que continuar no significa olvidar.

"Mi vida era un campo en ruinas, en medio del cual un soldado desconocido me había enviado una placa funeraria y una carta".
Cambiar el agua de las flores, Valérie Perrin

Cambiar el agua de las flores me ha parecido una novela profundamente humana, de esas que consiguen emocionar sin necesitar recurrir constantemente a la emoción fácil. Una historia de pérdidas, vínculos, secretos y segundas oportunidades, pero, sobre todo, de personas que intentan encontrar una manera de seguir viviendo después de aquello que las ha cambiado.

Y ahora tengo muchísimas ganas de ver cómo se traslada todo esto a la pantalla. La adaptación cinematográfica, dirigida por Jean-Pierre Jeunet, director de Amélie, está a punto de estrenarse y, después de haber disfrutado tanto de esta novela, tengo claro que quiero verla.

Valérie Perrin (Remiremont, 1964) se estrenó en el panorama literario con Les Oubliés du dimanche, una obra aclamada por la crítica que obtuvo una docena de premios, entre ellos el Choix des Libraires Littérature. Su segunda novela, Changer l’eau des fleurs, fue galardonada con el Prix Maison de la Presse y se convirtió en un fenómeno internacional. Con Trois, su tercer título, conquistó a más de 750.000 lectores. En 2019 y 2022, Le Figaro la incluyó entre los diez autores más vendidos en Francia. Sus obras, traducidas a más de 38 idiomas, suman ya más de seis millones de ejemplares vendidos en todo el mundo.

domingo, 20 de septiembre de 2026

LOS VECINOS DE ENFRENTE | Nicole Trope

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En la calle Hogarth todo parece estar en orden. Casas bonitas, vecinos que se conocen, barbacoas, niños y esa sensación de pequeña comunidad en la que todo el mundo termina sabiendo un poco de la vida de los demás. Pero hay pequeños detalles que empiezan a llamar la atención.

Unos niños que no van al colegio. Una puerta que nunca se abre del todo. Una vecina que observa ciertas cosas y empieza a hacerse preguntas. Un repartidor que intenta entregar un paquete y se encuentra con una situación que no termina de comprender. Y, sobre todo, esa duda tan incómoda que aparece cuando creemos que algo puede estar ocurriendo, pero no sabemos si tenemos derecho a intervenir.

Los vecinos de enfrente, de Nicole Trope, juega con ese desconcierto inicial. Durante buena parte de la lectura sabemos que algo está sucediendo, pero no sabemos exactamente qué. Y la autora consigue que esa incertidumbre resulte especialmente efectiva porque no nos entrega la historia desde una única perspectiva.

"Debería haberme ido entonces, pero mantuve la esperanza. Por algún motivo extraño sigo esperando que todo eso se pueda arreglar, que las cosas se solucionen.
Solo tenía que hacer algo drástico, algo grande".
Los vecinos de enfrente, Nicole Trope

Los capítulos van alternando las voces de distintos personajes y cada uno aporta una pieza diferente. Vemos lo que ocurre desde fuera, pero también nos acercamos poco a poco a quienes están dentro de esa casa y conocemos sus pensamientos, sus miedos y aquello que cada uno cree estar viviendo. El resultado es un puzle que, al principio, parece tener demasiadas piezas sueltas y que poco a poco empieza a adquirir forma.

Y aquí entra una de las cosas que más disfrutamos los lectores de thriller: hacer nuestras propias conjeturas. Intentar averiguar quién está detrás de lo que ocurre, qué lo ha provocado y hasta dónde llega realmente el peligro es prácticamente inevitable. Algunas sospechas pueden parecer evidentes para quienes están acostumbrados al género, pero Nicole Trope se guarda más de una carta para el tramo final y consigue introducir giros que modifican nuestra percepción de lo que hemos ido leyendo.

Me ha gustado especialmente cómo maneja la información. La novela no necesita explicarlo todo desde el principio para mantener nuestra atención. Al contrario: ese desconocimiento inicial es precisamente lo que nos hace seguir avanzando. Queremos entender qué sucede en esa casa, pero también queremos saber qué historia esconde cada personaje y cómo han llegado hasta allí.

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Es una lectura rápida y muy ágil, de esas que se leen con facilidad porque la intriga está constantemente empujándonos hacia el capítulo siguiente. Y aunque parte de una situación que parece muy concreta, a medida que avanzamos descubrimos que las conexiones entre los personajes son más complejas de lo que aparentaban.

"Su confusión era vidente; su desesperación, algo que yo podía sentir".
Los vecinos de enfrente, Nicole Trope

Una novela de suspense construida alrededor de una pregunta sencilla pero muy efectiva: qué ocurre cuando algo no parece estar bien y nadie está completamente seguro de si debe intervenir. Porque a veces basta con mirar un poco más de cerca para descubrir que detrás de una puerta cerrada puede estar ocurriendo mucho más de lo que imaginábamos.

Nicole Trope nació y vive en Sídney, Australia. Su camino hacia la escritura no fue precisamente directo: comenzó estudiando Derecho en la universidad, pero una mala experiencia en uno de sus primeros trabajos académicos le hizo descubrir que quizá lo suyo estaba más cerca de contar historias que de ejercer la abogacía. Construyó una trayectoria literaria que la ha llevado a publicar varias novelas superventas. Los vecinos de enfrente forma parte de esa producción de suspense con la que se ha ganado lectores tanto en Australia como fuera de ella.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

EL GATO QUE NO QUERÍA SER VEGANO | Sanne Vogel

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Hay historias que necesitan grandes acontecimientos para hablarnos de las personas y otras que prefieren hacerlo a través de pequeños encuentros. El gato que no quería ser vegano, de Sanne Vogel, pertenece a estas últimas.

Míster es un gato carismático que vive en Ámsterdam con Chef, su humana y mejor amiga, una mujer vegana que ha decidido que él también debería serlo. Pero Míster no solo sale de casa en busca de algo de carne: su carácter curioso y su instinto felino lo llevan a recorrer las casas de sus vecinos, donde acaba convirtiéndose en un atento observador de sus vidas.

Entre sus andanzas aparecen, además, unos misteriosos pollitos que parecen caer del cielo y que a Míster le resultan tan deliciosos que quiere conseguir más. Averiguar de dónde proceden se convierte así en una pequeña investigación que lo conduce, una vez más, de una casa a otra y de una historia a la siguiente.

"Es cierto. Me encanta la gente. Casi todo el mundo. Mientras yo les caiga bien, ellos también me caerán bien a mí. No soy difícil. Cuando no les gustan los gatos o aún no saben que les gustan, me parece un reto alentador ganarme sus corazones. Ya he convertido a muchos amantes de los perros".
El gato que no quería ser vegano, Sanne Vogel

La elección de un gato como narrador ofrece a la novela una perspectiva especialmente interesante. Míster observa a los humanos desde fuera, con una mirada que no comprende muchas de nuestras normas, costumbres y contradicciones. Y esa distancia introduce un cierto componente crítico: contempladas desde sus ojos, nuestras relaciones y nuestras maneras de comportarnos pueden resultar tan extrañas como divertidas.

Pero Míster no se limita a observar. Sabe prácticamente todo lo que sucede en la vida de Chef y de su pareja, Bigotito, porque permanece atento a sus conversaciones, a sus gestos, a sus dinámicas y también a aquello que sienten. No siempre entiende por qué los humanos hacen determinadas cosas o qué significan exactamente algunas de sus emociones, pero sí es capaz de empatizar con su dolor y con su alegría. Y quizá ahí reside buena parte de su encanto: en esa manera tan sencilla y genuina de estar para los demás.

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Míster representa también, de muchas formas, lo diferente, aquello que se sale de lo esperado. Y resulta bonito comprobar cómo la bondad que desprende termina haciendo que esa diferencia pierda importancia. Lo que podría separarlo de los demás queda relegado a un plano casi invisible frente a su capacidad para acompañar, conectar y transformar, aunque sea de manera pequeña, las vidas que toca.

En sus páginas aparecen la soledad, el amor, la vejez, la pérdida y la muerte. Son temas que no se desarrollan de manera extensa ni buscan convertirse en el centro de la novela, pero están ahí, bajo la superficie, en las historias de sus personajes. Las suficientes pinceladas para que el lector intuya todo lo que hay detrás de esas vidas y pueda detenerse, de vez en cuando, a mirar un poco más allá de lo que se cuenta.

Y quizá esa sea la verdadera esencia de esta historia: una comunidad construida a partir de pedacitos de muchas personas. Míster pasa de una casa a otra y, con él, vamos saltando de una vida a la siguiente. Cada personaje aporta una pieza diferente y, casi sin darnos cuenta, todas terminan encajando en un pequeño caleidoscopio de recuerdos, pérdidas, afectos y soledades.

Es una lectura especialmente bonita para quienes conviven con gatos, porque seguramente encontrarán  en Míster muchos de esos gestos, esa curiosidad y esa manera tan suya de estar presentes sin necesidad de comprender del todo lo que sucede a nuestro alrededor.

"Me levantó y me apretó con fuerza contra su cuerpo. Durante mucho tiempo. Me abrazó durante mucho tiempo. Lo necesitaba. Necesitaba mi cuerpo suave".
El gato que no quería ser vegano, Sanne Vogel

Pero no hace falta tener un felino en casa para disfrutarla. Basta con apreciar esas historias aparentemente sencillas que, cuando se miran desde el ángulo adecuado, descubren que detrás de cada puerta hay una vida entera y que, a veces, basta un pequeño animal recorriendo un vecindario para mostrarnos cómo todas esas vidas terminan estando un poco más conectadas de lo que creíamos.

Sanne Vogel (1984) es una creadora neerlandesa que ha desarrollado su trayectoria en distintos ámbitos artísticos, como la interpretación, la dirección y la escritura. Con El gato que no quería ser vegano se estrena en la novela y lo hace con una obra que ya ha tenido una excelente acogida en los Países Bajos y que continúa ampliando fronteras: la historia llegará próximamente a otros siete países.