Natalie Heller Mills es la imagen perfecta de la mujer americana tradicional: esposa, madre de seis hijos y responsable de un exitoso imperio en redes sociales en el que comparte su idílica vida en un rancho de estilo pionero. Una existencia aparentemente perfecta que millones de seguidores contemplan fascinados, aunque detrás de las cámaras haya bastante más preparación, ayuda y artificio de lo que Natalie está dispuesta a mostrar. Hasta que una mañana despierta en una realidad que no reconoce. Su casa y su familia siguen ahí, pero ahora todo parece corresponderse con aquella época que tanto ha idealizado: 1855.
Así comienza Yesteryear, de Caro Claire Burke, una novela que juega desde sus primeras páginas con nuestra percepción de lo que está ocurriendo. ¿Ha viajado realmente en el tiempo? ¿Es víctima de una broma o de un experimento? ¿Se encuentra en un reality del que desconoce las reglas? Las posibilidades se suceden y la autora consigue mantenernos atrapados en ese desconcierto mientras vamos conociendo también la vida de Natalie antes y después de convertirse en un fenómeno de las redes sociales.
Y quiero detenerme especialmente en su protagonista. Sé que Natalie no ha gustado a todos los lectores, pero a mí me ha parecido un personaje brillante. No porque comparta sus ideas, me identifique con ella o justifique sus decisiones, sino precisamente por su capacidad para generar desazón, rechazo e incluso animadversión. Me parece que está construida con una profundidad que permite entender cómo ha llegado a ser quien es, seguir sus contradicciones y observar sus comportamientos sin necesidad de empatizar con ella. No todos los personajes tienen que gustarnos para resultar fascinantes y Natalie es un buen ejemplo.
Su marido, Caleb, es otro de los personajes que más me han interesado. Está rodeado de sombras y a medida que avanzamos en la narración vamos comprendiendo mejor su carácter y su manera de actuar. Después de Natalie, me ha parecido el personaje más complejo y mejor perfilado. Eso no significa que comparta sus decisiones ni que considere justificable su parte de responsabilidad en lo que termina sucediendo, pero sí que valoro mucho el trabajo de construcción que hay detrás de ambos.
La novela pasa por cuestiones muy diversas: los roles de género, la religión, la distancia entre la imagen que proyectamos en redes sociales y la realidad que hay detrás, la explotación infantil y el uso de la imagen de los menores con fines lucrativos, incluso cuando quienes lo hacen son sus propios padres. También aparece la salud mental y el modo en que determinadas circunstancias pueden terminar desdibujando nuestra percepción de la realidad. No todos estos temas se desarrollan en profundidad, pero sí van dejando preguntas interesantes a lo largo de la lectura.
Me parece especialmente relevante la reflexión sobre la exposición de los hijos en las redes sociales. Cuando la vida familiar se convierte en contenido, la intimidad deja de pertenecer únicamente a quienes la viven. Los niños pueden terminar formando parte de una imagen cuidadosamente construida para los demás, con sus gestos, sus relaciones y hasta sus momentos cotidianos puestos al servicio de una determinada idea de familia. Y no deja de ser inquietante que sean los propios adultos responsables de protegerlos quienes decidan exponerlos.
Pero hablar de Yesteryear sin mencionar su desenlace resulta casi imposible. La novela se guarda un giro final que cambia muchas de las impresiones que podemos haber ido construyendo durante la lectura y nos obliga a mirar de otra manera buena parte de lo que creíamos saber. Es de esos finales que te dejan unos instantes sin saber muy bien qué pensar, que abren nuevas interpretaciones y que hacen que, una vez terminado el libro, necesites hablar de él con alguien que también lo haya leído. No voy a desvelar absolutamente nada, porque creo que descubrirlo por uno mismo es una parte fundamental de la experiencia.
He disfrutado muchísimo de esta lectura. Me ha enganchado tanto conocer la historia de Natalie y su transformación en un fenómeno de las redes como intentar descifrar qué estaba sucediendo en esa extraña realidad de 1855. Y cuando por fin llegan las últimas piezas, entiendes que la novela todavía tenía algo importante que mostrarte.
Una historia incómoda, provocadora y difícil de olvidar, que ofrece mucho más de lo que su premisa inicial podría hacer pensar. Y ahora que se prepara su adaptación cinematográfica con Anne Hathaway como protagonista, me parece que hay un motivo más para acercarse a ella antes de que llegue a la pantalla.
Caro Claire Burke cursó un máster en Bellas Artes en los Seminarios de Escritura de Bennington y es copresentadora de Diabolical Lies, un pódcast dedicado a la política y la cultura. Yesteryear es su primera novela.





