martes, 1 de septiembre de 2026

LA CASA DE AL LADO | Anne Rivers Siddons

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Hay casas encantadas que arrastran siglos de oscuridad. Mansiones abandonadas, habitaciones clausuradas, antiguos crímenes, muertes inexplicables y un pasado que parece haberse quedado atrapado entre sus paredes. Y después está La casa de al lado, de Anne Rivers Siddons, una novela que toma buena parte de lo que esperamos encontrar en una historia de casas encantadas y decide darle la vuelta.

Porque la casa que protagoniza esta historia no es antigua. No tiene un pasado, ni una historia de maldiciones que haya pasado de generación en generación. Es una construcción nueva, moderna, luminosa y espectacular que cualquiera querría tener como vecina. 

La vida de Colquitt y Walter Kennedy transcurre plácidamente en un acomodado vecindario de las afueras de Atlanta. Su rutina, sus amistades y su posición social forman parte de un mundo aparentemente estable, construido sobre relaciones de años, reuniones, compromisos y esa particular forma de entender la vida que caracteriza a una determinada sociedad sureña. Todo empieza a cambiar cuando una nueva casa comienza a levantarse en el terreno junto a la suya.

"Si fuera una casa antigua, casi pensaría que está encantada, pero ¿quién ha oído hablar de una casa encantada de obra nueva, de menos de un año de antigüedad?".
Anne Rivers Siddons, La casa de al lado

Incluso antes de que esté terminada, empiezan a suceder cosas. Accidentes. Desgracias. Situaciones que, tomadas de forma aislada, podrían parecer fruto de la casualidad. Y es entonces cuando comienza la verdadera inquietud.

Uno de los grandes aciertos de La casa de al lado es que no vivimos lo que ocurre principalmente desde dentro de esa vivienda. Anne Rivers Siddons sitúa a sus vecinos como observadores privilegiados de unos acontecimientos que poco a poco van alterando no solo la vida de quienes habitan la casa, sino también la de quienes los rodean. Esa mirada exterior convierte al lector en una especie de testigo que intenta comprender qué está ocurriendo mientras las piezas empiezan a desordenarse.

No es una novela que busque aterrorizarnos mediante escenas impactantes ni sobresaltos continuos. Su terror es mucho más psicológico, construido a partir de pequeños detalles, comportamientos que comienzan a cambiar, relaciones que se deterioran y una sensación creciente de que algo invisible se está infiltrando en la vida de los personajes.

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Y quizá lo más inquietante sea precisamente la duda sobre el origen de ese mal. Porque a medida que avanzamos resulta inevitable preguntarse hasta qué punto la casa es responsable de lo que sucede o si, en realidad, simplemente está sacando a la superficie algo que ya existía. Los miedos. Las obsesiones. Las inseguridades. Las debilidades que cada personaje intenta mantener ocultas y que, de pronto, parecen adquirir una fuerza capaz de destruirlo todo.

Anne Rivers Siddons construye esa sensación con una enorme paciencia. La historia no necesita precipitarse porque sabe que la inquietud funciona mejor cuando se instala poco a poco. Cuando todavía no estamos seguros de haber visto algo extraño, pero ya no podemos dejar de buscarlo.

También resuelta interesante el retrato social que acompaña a la historia. Más allá del componente sobrenatural, la novela observa con bastante agudeza un mundo de apariencias, esnobismos, prejuicios y relaciones sociales en el que todo parece perfectamente ordenado hasta que empiezan a aparecer las grietas. La voz de Colquitt nos introduce en ese pequeño universo y, mientras ella observa lo que ocurre a su alrededor, también vamos descubriendo las contradicciones y miserias de quienes lo habitan.

"—Nuestro problema es que no hemos tenido ningún problema —dije—. Quiero decir problemas de verdad, no como los que tuvieron los Harralson, o Luke Abbot, o los pobres Sheenan. Estamos tan aislados, gordos y felices aquí que nos hemos olvidado de que existen el dolor y los problemas reales en el mundo. Oh, sí, Claire, incluso entre la gente «agradable». No culpes a la casa. Eso es absurdo".
Anne Rivers Siddons, La casa de al lado

Es una novela publicada originalmente en 1978 y, sin embargo, me ha sorprendido lo bien que ha envejecido. Hay, por supuesto, elementos propios de su época, pero su forma de abordar el miedo y las relaciones humanas sigue funcionando con eficacia. Quizá porque los temores que explora son bastante universales: el miedo a no sentirnos a salvo en nuestro hogar, a no reconocernos a nosotros mismos o a descubrir que el peligro puede manifestarse de formas contra las que no tenemos opción de vencer.

La casa de al lado es una historia adictiva, inquietante y muy original dentro de un subgénero que parecía haber explorado ya todas las posibilidades. Su mayor virtud es no necesitar una sucesión de escenas terroríficas para crear una atmósfera que se vuelve cada vez más incómoda. Todo sucede a fuego lento. Y cuando el lector empieza a comprender que algo no funciona, ya está completamente atrapado.

Y entonces llega el final. Un cierre que da a la historia ese último golpe de efecto y consigue que, incluso después de terminarla, sigamos pensando en esa casa.

Una novela que recomiendo especialmente a quienes disfruten del terror psicológico, las atmósferas inquietantes y las historias en las que lo verdaderamente perturbador no siempre es aquello que vemos, sino aquello que sospechamos.

"La habitación era blanca y luminosa y estaba tranquila y silenciosa, pero en ella rugían y aullaban sonidos insonoros".
Anne Rivers Siddons, La casa de al lado

Anne Rivers Siddons (1936-2019) fue una novelista estadounidense cuya obra estuvo profundamente ligada al Sur de Estados Unidos y a las tensiones entre tradición y modernidad que atraviesan su historia y su sociedad. Durante su etapa universitaria en Auburn destacó por sus escritos y por defender públicamente el fin de la segregación, una postura que terminó costándole su puesto en la publicación estudiantil. Más tarde trabajó en publicidad y formó parte del equipo fundador de la revista Atlanta antes de dedicarse por completo a la literatura. A lo largo de su carrera publicó diecinueve novelas, varias de ellas convertidas en superventas. La casa de al lado, publicada originalmente en 1978 y hasta ahora inédita en español, fue su única incursión en el terror y sigue siendo una de las propuestas más singulares del género de la casa encantada.


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