El monasterio de la rosa negra consigue que el lector se sienta en plena Castilla medieval: en sus espacios cerrados, en sus jerarquías férreas, en sus miedos y, sobre todo, en sus luchas de poder.
Ambientada en Burgos en el año 1200, la novela sitúa el núcleo de la acción en dos escenarios clave: el monasterio de Santa María la Real y el cercano Hospital del Rey. Dos espacios que funcionan como microcosmos de la sociedad de la época y que bastan para desplegar una trama cargada de conspiraciones, secretos, estrategias y alianzas cambiantes. El hallazgo de un cadáver y la visita de Leonor de Aquitania actúan como detonantes de una historia que no tarda en tensarse.
Uno de los grandes aciertos de la novela es su galería de personajes femeninos. En un contexto histórico en el que las mujeres carecían de libertades formales, el autor da voz y peso a aquellas que supieron ejercer poder desde la astucia, el conocimiento o la influencia indirecta. Doña Elvira, la abadesa, es un personaje complejo y magnético: capaz de maniobras brillantes para conservar su estatus, pero también atravesada por miedos y debilidades que la humanizan. Sus decisiones mantienen al lector en vilo durante toda la narración.
Beatrice, la doctora siciliana, representa otra forma de desafío: el del saber médico ejercido por mujeres y sistemáticamente apropiado o invisibilizado. Su personaje pone de relieve cómo ese conocimiento era utilizado mientras se negaba el reconocimiento a quienes lo poseían. La aparición de Niccolò introduce además un interesante contrapunto sobre la medicina y la ciencia en la época, dotando al relato de mayor profundidad.
La figura de Leonor de Aquitania aporta una dimensión política muy sugerente, y me ha resultado especialmente interesante el espacio que la novela concede a la importancia de las crónicas. En un mundo donde el poder también se ejercía a través de lo escrito, ser borrado de los relatos oficiales podía equivaler a una condena. Esta reflexión atraviesa la novela de forma sutil pero muy eficaz.
Con un ritmo que combina la cadencia propia de la novela histórica con la tensión del thriller, El monasterio de la rosa negra no se estanca en ningún momento. El misterio avanza, la atmósfera se sostiene y la resolución se espera con verdadera intriga.
Estamos ante un debut muy sólido, con una cuidada mezcla de personajes y acontecimientos reales y una trama de ficción verosímil y bien engranada. Una lectura que atrapa por su intriga y convence por su ambientación y construcción de personajes.
Joan Barbero es guionista de cine y televisión, con más de un centenar de proyectos desarrollados a lo largo de su extensa carrera.



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