domingo, 21 de febrero de 2021

CRISTALES ROTOS: RAÍCES | Nuria González Hurtado

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Si alguien se preguntaba si es posible hacer un recorrido por nuestra historia más reciente, desde los más angustiosos esfuerzos por la supervivencia durante la Guerra Civil, pasando por los albores de una sociedad golpeada por la miseria, con muchas ansias de modernidad pero a la vez muchas reminiscencias de unas costumbres rancias, y a la vez hacerlo de manera ordenada, rítmica, sensible y con perspectiva, obtendrá su respuesta en la primera novela de Nuria González Hurtado.

"Este libro es mi homenaje a todas aquellas personas que se sienten cristales rotos, que sufren en silencio… Las estrellas se merecen brillar, así es como os quiero ver yo…"
Nuria González Hurtado, Cristales rotos: Raízes

Cristales rotos: Raíces, coge de la mano a Montserrat y a través de sus ojos de niña nos presenta a su familia y su propia experiencia vital. Una vida corriente en una época corriente que nos suena muy a pasado pero en la que no podemos obviar ecos de las vidas de todos. Si bien la infancia de Montserrat está plagada de dificultades, dolor e injusticia, también está marcada por la resiliencia, la voluntad de supervivencia y el deseo de trascender. 

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Montserrat hace un ejercicio casi arqueológico al excavar en sus orígenes y se remonta más allá de su propio núcleo familiar para ahondar en la procedencia de quienes, muchos años atrás, fundaron la que es ahora su familia. Sus bisabuelos, sus abuelos, sus tíos, sus padres, sus primos... Todos ellos conforman las ramas de un árbol genealógico que desgrana en la primera parte de esta novela y que ya desde el principio pone sobre la mesa algunos de los temas que, de forma transversal, nos acompañan hasta el final

Un núcleo familiar roto; una madre imperfecta, un padre que no termina de cumplir del todo con su papel y un hermano que la someterá al terror más crudo serán el caldo de cultivo para una Monserrat taciturna, solitaria, con muchas inseguridades y miedos, pero que crecerá poco a poco y que superará las adversidades por méritos propios. Primero con esos ojos inocentes que nos regala la infancia y después con una mirada menos ingenua, nos contará todos los acontecimientos que, entre las paredes de su propia casa y la de sus familiares más cercanos, la marcarán para siempre. 

"Tenía muchísimas ganas de llorar y gritar lo más fuerte que pudiese, pero el nudo que se aferraba a mi garganta dolía y me impedía siquiera hablar. Me sentía sola y devastada por la situación."
Nuria Gonzalez Hurtado, Cristales rotos: Raíces

Si bien la narración de Montserrat termina cuando ella cuenta solo con diez años, las experiencias a las que tiene que hacer frente a una edad tan corta son tantas, y de tanta crudeza en ocasiones, que nos recuerdan cómo los niños de antes maduraban a marchas más forzadas que los niños en la época actual. No es difícil que se nos llegue a olvidar que Montserrat era solo una niña cuando ocurrieron los hechos que narra y es un detalle que yo he querido tener muy presente a lo largo de toda la lectura.

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La autora nos advierte de que la novela está conformada por varias historias reales y si bien es cierto que algunas de las escenas se nos escapan a la comprensión con la concepción del mundo que tenemos hoy en día, también es verdad que quienes no hemos perdido la perspectiva histórica somos capaces de convertir sus palabras en imágenes vívidas en nuestra mente. 

Son muchos los temas de índole social los que la autora ha incluido en su novela. La violencia de género, la sumisión de las mujeres a la hegemonía del varón, los abusos sexuales, la violencia en el ámbito doméstico, la represión por cuestiones de ideología... Pero además, podemos asistir a la persistencia de estas mismas problemáticas en las distintas épocas en las que se ambienta la historia. Si en los años treinta las mujeres se casaban y se sometían a sus maridos de un modo normalizado y pacífico, más tarde observaremos cómo la lucha contra ese sometimiento no las libra del mismo. Que la madre de Montserrat oculte la violencia que ejerce el hermano de la niña contra ella, esforzándose por silenciarla e incluso forzándola a ello, no hace más que repetir el eco de esas otras mujeres en los orígenes de sus propias familias que silenciaban el maltrato que ellas mismas sufrían. Observamos a lo largo de la narración cómo se suceden los episodios en los que la violencia ejercida por el varón se normaliza y se silencia en episodios marcados por la misma injusticia pero en su propio contexto histórico y social.

"No quería ser un niño, eso jamás. Pero sí una niña que puede jugar libremente, sin temor a que la juzguen continuamente."
Nuria González Hurtado, Cristales rotos: Raíces

Cristales rotos: Raíces es una novela necesaria precisamente por haber sabido incluir tantos temas de interés en épocas distintas y haber sabido mostrarnos cómo una misma conducta puede prevalecer mutando su forma a lo largo del tiempo.

Nuria González Hurtado nació en Barcelona y, aunque estudió para ser auxiliar de veterinaria, en la actualidad continua formándose profesionalmente en la rama de la educación. Aquí podéis leer una entrevista en la que cuenta algunas curiosidades sobre Cristales rotos: Raíces que seguro que os llaman la atención. Os invito a que la sigáis en sus redes sociales; la encontraréis en Instagram, Facebook y en su página web


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miércoles, 17 de febrero de 2021

SIN PUNTOS SUSPENSIVOS | R. G. Berriel

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En Sin puntos suspensivos no vais a encontrar edulcoradas relaciones románticas idílicas en las que no hay espacio para el dolor, el egoísmo, la cobardía, las malas decisiones o incluso el desamor. La historia de Edgar es una de esas historias cualquiera que, contada como la cuenta R. G. Berriel se convierte en un relato crudo pero de personajes tangibles y un desarrollo que se precipita en lo que parece una narración pausada pero con una inercia imparable hacia el final. 

Edgar hace un recorrido por su vida y, principalmente, por las relaciones amorosas que la han marcado de una u otra manera. Desde aquella poco ortodoxa primera vez con una mujer de la que después se enamoraría, pasando por un considerable número de experiencias que permanecen en su memoria... con más o menos brillo. 

"Yo, desarmado, asentí con la cabeza; aun sabiendo que, con esa frase, comienzan todas las historias de amor que tienen un final atroz."
R. G. Berriel, Sin puntos suspensivos

Asistimos al comienzo de una relación en la que intuimos que el protagonista pondrá más de lo que él mismo quisiera, convirtiéndose en una gran historia de amor que comienza casi con la promesa de un final trágico. Vamos a esperar a lo largo de todo el recorrido para saber qué ocurre finalmente con Elis, que además encarna el eje central de la trama, alrededor de la cual brotan los recuerdos del protagonista y conoceremos el resto de historias.

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Si la gran historia de amor la encarna Elis, no es la única persona que marcará la vida de Edgar. La amistad de Eva va a ser mucho más importante de lo que vamos intuyendo a lo largo de la novela y nos llevaremos más de una sorpresa gracias a este personaje que, conociendo tan bien a Edgar como él mismo, le sirve de pilar en el que apoyarse cuando las cosas van realmente mal. Ambos se buscan mutuamente con este fin y la amistad entre ellos es de las que resisten ante la adversidad cuando todo lo demás se desmorona

La muerte de su mejor amigo, coloca a Edgar frente a lo inevitable del duelo. Él, que siempre ha reaccionado con entereza ante la pérdida, se siente asolado por la repentina desaparición de alguien que ha formado parte de su vida desde hace tanto tiempo y con quien ha compartido prácticamente de todo. Además, como consecuencia de este suceso descubrirá otro hecho que le pondrá en una difícil posición. 

"Quizás te invada un aire de tristeza, de melancolía; pero siempre se está bien cuando se hace lo correcto."
R. G Berriel, Sin puntos suspensivos

La relación con Eliette es de esas que nos gusta pensar que son rarezas cuando en realidad son más comunes de lo que nos gusta reconocer. Ella representa la pasión sin compromisos pero sí con infinita confianza que, ausente de complicaciones se desliza a lo largo del tiempo y aporta conocimientos y experiencias vitales al protagonista. 

Sin puntos suspensivos está escrita con destreza. Logra poner al lector en el lugar de un personaje de edad avanzada con unas experiencias vitales que pueden quedarnos muy alejadas de las propias pero con las que vamos a empatizar desde el inicio. Consigue Berriel que conozcamos lo mejor y lo peor de Edgar y que además lo hagamos desde una posición privilegiada gracias a la narración en primera persona de una novela basada en recuerdos que, ordenados con mucho acierto, nos hacen viajar a lo largo de la vida del protagonista. Las frecuentes referencias literarias y musicales que incluye el autor son regalos para los lectores que, como yo, disfruten de estas píldoras.

Podéis encontrar aquí la novela tanto en formato digital como en físico. Además, os invito a seguir a R. G. Berriel en su perfil de Instagram


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lunes, 15 de febrero de 2021

EL RUIDO QUE NOS SEPARA | Pedro Aranda

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Que El ruido que nos separa quedara finalista del II Premio Icue Negro, nos da una pista de qué puedes encontrarte si decides leer esta novela de Pedro Aranda. Este premio pone en valor el trabajo de autores noveles o que debutan en la novela negra. Y como tal, esta historia de historias que conforma El ruido que nos separa es una muestra de los elementos más puros del género, además de incluir un desarrollo y rasgos muy originales.

"Lo bueno de no poder permitirte una secretaria para la consulta es que así no puede escuchar los disparos, aunque procedan de un magnum del calibre 22."
Pedro Aranda, El ruido que nos separa

En 1975, Sweet Bob se proclamó campeón del mundo de boxeo. Once años después su suerte ha cambiado radicalmente y se le encuentra bajo el puente Eads en Missouri, cubierto de mantas, inmundicia y un pasamontañas que no consigue hacerle pasar del todo desapercibido, ya que un equipo de periodistas le encuentra y transmite un dramático programa de televisión contando su caída en desgracia. Pero Sam Fabianelli, un famoso empresario del mundo de la moda, está viendo en ese momento la televisión y una idea se ilumina en su mente. No puede esperar y descuelga el teléfono para ponerse en contacto con su socio, Brett Carroll, a quien le propone un proyecto con el que no solo ganarán más dinero del que puedan imaginar en ese momento, sino que además pueden devolverle parte de la gloria perdida al excampeón. 

Bangkok será el escenario elegido para que Sweet Bob se enfrente al actual campeón mundial, el alemán Bam Bam Müller. Y ese combate será donde confluyan todos hilos argumentales de la novela de Pedro Aranda. En el combate, no solo se dará cita casi la totalidad del elenco, sino que además se resolverá más de uno de los conflictos planteados con anterioridad. 

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El autor se vale de una estructura en capítulos de corta o media extensión para mostrarnos a modo de fogonazos retazos de la vida de todos los personajes. Y no solo vamos a ir saltando entre personajes, sino que lo haremos también en el tiempo, descubriendo el pasado de los protagonistas y la relación que les une a todos ellos y que nos pondrá en situación para comprender lo que ocurrirá en la escena final. 

Los amantes de las novelas corales están de enhorabuena, porque recuerdo pocas historias con un reparto más extenso que El ruido que nos separa. El autor hace un ejercicio minucioso para encajar todas las piezas que presenta de modo que al final no queden grietas, dudas o margen de error en cómo encaja a cada uno de los personajes con los demás, en cómo unas historias y otras tienen siempre un hilo que las une y hasta la más inesperada de las conexiones es posible. No importa si hablamos de la esposa de un boxeador que carga con la culpa de haberle engañado y dañado con alguien cercano y a la vez contamos la historia de un psiquiatra que es capaz de descuartizar y deshacerse del cuerpo de un paciente... Podemos estar frente a un cantante de éxito cuya carrera y su fortuna se han perdido por culpa de su adicción al juego y encontrarnos en el siguiente capítulo con un joven que ha sido adiestrado en el uso de la mente como arma.

Todos ellos van a encontrarse en Bangkok y para todos ellos hay un final. Unos saldrán mejor y otros peor parados del evento, pero lo cierto es que la vida de todos cambiará para siempre.

"Por fin las luces se apagaron. El espectáculo estaba a punto de comenzar. El nerviosismo de los espectadores se contagiaba de unos a otros. Nadie se atrevía a decir nada."
Pedro Aranda, El ruido que nos separa

Aunque el punto y final de la trama es el combate de boxeo, sí que vais a encontraros con una historia que tiene lugar en una fecha posterior. Es la historia de los dos jóvenes que se dan cita en un hotel de Tokio en 1999 con la intención de suicidarse juntos. Se han conocido en la red y tanto Karou como Yumiko están convencidos de que no pueden soportar por más tiempo continuar con sus vidas. ¿Saltarán a la vez?

Pedro Aranda tiene una pluma que mezcla elementos de géneros mayores y menores. Apreciamos un deje costumbrista realista, narrando sin endulzar hasta las escenas más sórdidas. No obstante, siempre conserva la elegancia de la novela negra más clásica, de la que reserva una parte del personaje en la sombra para mantener el enigma y que aporta ese ingrediente que nos invita a querer saber más, avanzar y descubrir cómo termina resolviendo un extenso rompecabezas que se nos antoja imposible de solventar hasta que vemos cómo el autor no solo lo logra, sino que no se le escapa nada

Podéis encontrar El ruido que nos separa en Casa del Libro y Amazon