miércoles, 16 de septiembre de 2026

EL GATO QUE NO QUERÍA SER VEGANO | Sanne Vogel

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Hay historias que necesitan grandes acontecimientos para hablarnos de las personas y otras que prefieren hacerlo a través de pequeños encuentros. El gato que no quería ser vegano, de Sanne Vogel, pertenece a estas últimas.

Míster es un gato carismático que vive en Ámsterdam con Chef, su humana y mejor amiga, una mujer vegana que ha decidido que él también debería serlo. Pero Míster no solo sale de casa en busca de algo de carne: su carácter curioso y su instinto felino lo llevan a recorrer las casas de sus vecinos, donde acaba convirtiéndose en un atento observador de sus vidas.

Entre sus andanzas aparecen, además, unos misteriosos pollitos que parecen caer del cielo y que a Míster le resultan tan deliciosos que quiere conseguir más. Averiguar de dónde proceden se convierte así en una pequeña investigación que lo conduce, una vez más, de una casa a otra y de una historia a la siguiente.

"Es cierto. Me encanta la gente. Casi todo el mundo. Mientras yo les caiga bien, ellos también me caerán bien a mí. No soy difícil. Cuando no les gustan los gatos o aún no saben que les gustan, me parece un reto alentador ganarme sus corazones. Ya he convertido a muchos amantes de los perros".
El gato que no quería ser vegano, Sanne Vogel

La elección de un gato como narrador ofrece a la novela una perspectiva especialmente interesante. Míster observa a los humanos desde fuera, con una mirada que no comprende muchas de nuestras normas, costumbres y contradicciones. Y esa distancia introduce un cierto componente crítico: contempladas desde sus ojos, nuestras relaciones y nuestras maneras de comportarnos pueden resultar tan extrañas como divertidas.

Pero Míster no se limita a observar. Sabe prácticamente todo lo que sucede en la vida de Chef y de su pareja, Bigotito, porque permanece atento a sus conversaciones, a sus gestos, a sus dinámicas y también a aquello que sienten. No siempre entiende por qué los humanos hacen determinadas cosas o qué significan exactamente algunas de sus emociones, pero sí es capaz de empatizar con su dolor y con su alegría. Y quizá ahí reside buena parte de su encanto: en esa manera tan sencilla y genuina de estar para los demás.

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Míster representa también, de muchas formas, lo diferente, aquello que se sale de lo esperado. Y resulta bonito comprobar cómo la bondad que desprende termina haciendo que esa diferencia pierda importancia. Lo que podría separarlo de los demás queda relegado a un plano casi invisible frente a su capacidad para acompañar, conectar y transformar, aunque sea de manera pequeña, las vidas que toca.

En sus páginas aparecen la soledad, el amor, la vejez, la pérdida y la muerte. Son temas que no se desarrollan de manera extensa ni buscan convertirse en el centro de la novela, pero están ahí, bajo la superficie, en las historias de sus personajes. Las suficientes pinceladas para que el lector intuya todo lo que hay detrás de esas vidas y pueda detenerse, de vez en cuando, a mirar un poco más allá de lo que se cuenta.

Y quizá esa sea la verdadera esencia de esta historia: una comunidad construida a partir de pedacitos de muchas personas. Míster pasa de una casa a otra y, con él, vamos saltando de una vida a la siguiente. Cada personaje aporta una pieza diferente y, casi sin darnos cuenta, todas terminan encajando en un pequeño caleidoscopio de recuerdos, pérdidas, afectos y soledades.

Es una lectura especialmente bonita para quienes conviven con gatos, porque seguramente encontrarán  en Míster muchos de esos gestos, esa curiosidad y esa manera tan suya de estar presentes sin necesidad de comprender del todo lo que sucede a nuestro alrededor.

"Me levantó y me apretó con fuerza contra su cuerpo. Durante mucho tiempo. Me abrazó durante mucho tiempo. Lo necesitaba. Necesitaba mi cuerpo suave".
El gato que no quería ser vegano, Sanne Vogel

Pero no hace falta tener un felino en casa para disfrutarla. Basta con apreciar esas historias aparentemente sencillas que, cuando se miran desde el ángulo adecuado, descubren que detrás de cada puerta hay una vida entera y que, a veces, basta un pequeño animal recorriendo un vecindario para mostrarnos cómo todas esas vidas terminan estando un poco más conectadas de lo que creíamos.

Sanne Vogel (1984) es una creadora neerlandesa que ha desarrollado su trayectoria en distintos ámbitos artísticos, como la interpretación, la dirección y la escritura. Con El gato que no quería ser vegano se estrena en la novela y lo hace con una obra que ya ha tenido una excelente acogida en los Países Bajos y que continúa ampliando fronteras: la historia llegará próximamente a otros siete países.

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